miércoles, 13 de octubre de 2010

Sedentarismo

Hoy una médico me ha preguntado qué dieta llevo, que ella también la quiere seguir. Superado el estupor, le he empezado a contar y ella ponía sus pegas. Que si esto no es para tanto, que si aquello no es tan malo, que por qué quitarnos el café que es antioxidante, que si el calcio de la leche, que si el queso es lácteo pero tiene otro proceso... Las típicas resistencias para no dejar nada de lo que nos gusta. (De esto hablaré otro día). Después de todo esto, ha sentenciado: Hay un veneno clarísimo, indiscutible: el sedentarismo. 
Me ha gustado su frase. Luego ha añadido: "Bueno, el sedentarismo y el azúcar refinado". Hay que dejar las dos cosas. Si la palabra "dejar" te produce cierta angustia o sensación de pérdida, cámbiala por "cambiar"; por "ganar"; por "mejorar"; por "empezar"... el ejercicio. Empezar a hacer ejercicio. 
Hace año y medio empecé a hacer ejercicio. Es otra vida, te lo aseguro. Si partes del mismo estado de forma que yo hace año y medio, de la misma predisposición psicológica, estás mandándome a la mierda en este instante. Pero ¿nunca vas a probar? ¿No quieres probar a tener energía y vitalidad? Tener energía y vitalidad no significa ser un puto pelma. No significa ser nervioso y poner nerviosos a los demás. Significa tener calma, paz, ganas de hacer cosas, imaginación, alegría de vivir, prosperidad (sí, prosperidad); significa ELEGIR. Lo que quieras, cuando quieras, sabiendo qué es bueno y qué no lo es. Significa que no te importa madrugar; tener mayor claridad mental, organizarte mejor. 
Deja el veneno, toma el regalo. 

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